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En esta entrevista el cosmólogo
indio Jayant V. Narlikar detalla las
incoherencias de la teoría del Big
Bang y explica cómo hoy día es casi
imposible expresar opiniones
contrarias al dogma establecido si
se pretende hacer carrera en
ciencia.
La Recherche:
Usted acusa a la cosmología actual
de no ser una ciencia, dado que no
se apoya suficientemente en los
hechos. ¿No es paradójico esto en un
momento en el que los cosmólogos
disponen de más observaciones que
nunca?
Jayant V. Narlikar:
La noción de observación puede ser
engañosa en cosmología! Cada cierto
tiempo, los partidarios del Big Bang
afirman haber observado tal o cual
episodio pasado de la historia del
Universo. En realidad, las únicas
observaciones de las que disponen
son las del Universo en su estado
actual. Los cosmólogos se ven
obligados a extrapolarlas para
reconstruir el pasado. Demasiado a
menudo estas extrapolaciones no
reposan sobre nada sólido, son pura
especulación. |
Un ejemplo es la radiación de fondo
cosmológica que baña todo el Cosmos. Se ha
afirmado que nos proporciona una instantánea
del Universo a 380.000 años de edad. En
realidad, lo que se observa directamente es
la radiación de hoy día. Sus características
actuales (en particular sus fluctuaciones)
son a continuación interpretadas según el
prisma de teorías que tratan de
relacionarlas con acontecimientos
hipotéticos supuestamente ocurridos al
principio de la historia del Universo. Pero
estas teorías – pienso sobre todo en la de
la inflación – se salen del dominio de la
física actual: no son verificables por
experiencias de laboratorio. Tampoco son
observables directamente esos
acontecimientos hipotéticos primordiales.
Por eso se puede acusar a la cosmología
actual de haberse alejado demasiado de lo
que puede ser verificado experimentalmente.
L.R.:
¿Tiene más ejemplos de esta propensión a la
especulación?
J.V.N.:
Se ha descubierto que la mayor parte del
contenido del Universo consiste en materia
que no emite radiación detectable. Lo que
ignoramos aún es la naturaleza de esta
“materia oscura”. Los partidarios del modelo
del Big Bang afirman que no es materia
“ordinaria”, similar a la que constituye las
estrellas y los planetas. ¿Por qué dicen
esto? Porque si lo fuera implicaría que en
los primeros momentos del Universo se
tendría que haber formado una cantidad
enorme de deuterio (una forma pesada de
hidrógeno), y esto es incompatible con el
modelo estándar del Big Bang.
Lo normal en ciencia sería que, tras el
descubrimiento de la materia oscura, se
hubiese puesto en cuestión el modelo. ¡Ha
ocurrido lo contrario! Para salvar el
modelo, se ha decidido inventar una nueva
forma de materia, llamada “exótica”, de la
cual se ignora prácticamente todo y que no
ha sido observada nunca.
L.R.:
Otra hipótesis actualmente de moda es la
existencia en el Universo de una nueva forma
de energía, bautizada “energía oscura”. ¿De
dónde viene esa hipótesis? ¿Le parece tan
poco fundada como la de la materia oscura
“exótica”?
J.V.N.:
Postular la existencia de una nueva forma de
energía se debe a la misma voluntad de
salvar a toda costa el modelo del Big Bang.
Hasta hace sólo 5 años se asumía, según este
modelo, que la expansión del Universo se
ralentizaba con el tiempo. Desde entonces,
las observaciones de supernovas han indicado
que, al contrario, el Universo se expande
cada vez más rápido. Pero aquí no pasa nada,
en vez de revisar el modelo estándar, la
mayoría de los cosmólogos ha preferido
rescatar del olvido la vieja constante
cosmológica. Esta había sido añadida por
Einstein en 1916 a sus ecuaciones del campo
gravitacional para hacerlas compatibles con
un Universo estático, que es lo que se creía
realista en aquella época. Calificada por el
propio Einstein como el mayor error de su
vida, esta constante había desaparecido de
las ecuaciones del modelo del Big Bang. Para
hacer concordar las observaciones con el
modelo, ahora se echa mano a esta constante,
interpretada como una forma de densidad de
energía del vacío que genera una fuerza
repulsiva. Así, no sólo hay que creer en la
existencia de una materia invisible exótica,
sino también en una forma de energía
bautizada “oscura” muy propiamente porque
nadie la ha observado todavía.
Y sin embargo las observaciones de
supernovas no implican necesariamente un
Universo en expansión acelerada. Otra
interpretación es posible.
L.R.:
¿Cuál es esta interpretación alternativa?
J.V.N.:
La convicción de un Universo en expansión
acelerada reposa sobre la observación de
supernovas muy lejanas que han resultado ser
menos brillantes de lo que deberían ser si
la expansión se estuviera frenando. Pero yo
he mostrado recientemente que estas
observaciones podrían explicarse por la
presencia en las galaxias donde se
encuentran estas supernovas de polvo en
forma de agujas. Se trataría de polvo
galáctico producido por la condensación del
hierro generado por las generaciones
precedentes de supernovas. Contrariamente a
la hipótesis de la energía oscura, nuestra
explicación se apoya sobre hechos, ya que
las experiencias de laboratorio nos muestran
que efectivamente este tipo de condensación
produce polvo en forma de agujas.
L.R.:
¿Cómo explica usted que los cosmólogos
traten de salvar el modelo del Big Bang a
toda costa?
J.V.N.:
La situación me parece similar a la del
fanatismo religioso. Cuando uno se convierte
a una religión, trata de defenderla contra
viento y marea. En cosmología, esto se
traduce en no admitir la discusión de otras
teorías para interpretar las observaciones y
en presentar como hechos lo que en realidad
son sólo especulaciones. No tengo nada en
contra del uso de la imaginación en ciencia
pero lamento la arrogancia con la que los
partidarios de la cosmología estándar
afirman que su visión es la correcta. No
dejan lugar a otros modelos, entre otros al
que yo propongo, de un Universo
“cuasi-estacionario”, sin Big Bang. El
soporte empírico de este modelo es por lo
menos igual de sólido que el del Big Bang.
L.R.:
Sin embargo, usted acaba de ser elegido por
sus colegas para ocupar durante un año la
cátedra internacional del Collège de France.
He ahí un reconocimiento que parece indicar
cierta tolerancia...
V.N.:
No es tan simple. Hoy se ha vuelto
extremadamente difícil publicar artículos
que describan teorías cosmológicas “fuera de
norma” y es completamente imposible
conseguir fondos para realizar programas de
observación que puedan apoyarlas. Es fácil
entender por qué los oponentes del Big Bang
son tan poco numerosos: un estudiante que
elija trabajar sobre un modelo no estándar
no tiene prácticamente ninguna posibilidad
de conseguir un día un puesto de trabajo.
¡Es un círculo vicioso! Desde este punto de
vista, no veo que hayamos progresado mucho
desde la época de Copérnico y Galileo. No es
quizá fundamentalismo religioso pero me
parece que la expresión “fundamentalismo
científico” es muy apropiada.
L.R.:
¿Cree que la popularidad del modelo del Big
Bang se debe en realidad a una preferencia
por ciertos conceptos metafísicos o
religiosos?
J.V.N.:
La idea de un “comienzo” es ciertamente, con
el Génesis, un concepto central de las
religiones occidentales. Para algunas
personas puede ser difícil de imaginar un
Universo sin comienzo, sin creación única.
L.R.:
Es decir, ¿en un sistema de pensamiento no
occidental el modelo del Big Bang perdería
mucho de su atractivo?
J.V.N.:
No hay que sobreestimar el rol del prejuicio
religioso pero en la tradición budista, por
ejemplo, es más fácil asimilar la idea de un
Universo sin origen, cuya materia sería
creada continuamente y no como resultado de
una hipotética “explosión” inicial.
L.R.:
Usted admite que el Universo está
actualmente en expansión. Si se remonta en
el tiempo, ¿no se llega de forma natural a
un estado primordial de densidad extrema, es
decir a un Big Bang?
J.V.N.:
No, ese razonamiento se basa en
extrapolaciones no justificadas. La
expansión del Universo se pone de manifiesto
por un fenómeno fundamental en cosmología:
el corrimiento al rojo. Cuanto más lejos de
nosotros está un astro, más rápido se aleja
de nosotros, arrastrado por la expansión del
espacio. La longitud de onda de un fotón que
viaja en un espacio en expansión se estira y
por ello observamos un desplazamiento
espectral hacia longitudes de onda mayores,
tanto más cuanto más lejos está el astro. Es
importante saber que la expansión del
Universo se observa directamente sólo hasta
corrimientos al rojo de 4 ó 5, es decir,
hasta distancias de unos 10 000 millones de
años-luz. Esto nos remonta a una época en
que la densidad del Universo era 200 veces
superior a la actual. Sin embargo, el modelo
del Big Bang extrapola estos datos hasta
valores de corrimiento de 109 o incluso
1029, que resultan en densidades 1089 veces
superiores a la actual. ¿Cómo podemos estar
seguros de que nuestras leyes físicas siguen
siendo válidas en valores tan extremos de
densidad? Nunca en física se ha permitido
extrapolar tanto...
L.R.:
¿Usted duda de la interpretación clásica del
corrimiento al rojo cosmológico?
J.V.N.:
Efectivamente hay unas cuantas observaciones
que contradicen la tesis de que el
corrimiento al rojo de los astros se debe
únicamente a la expansión del Universo. Está
por ejemplo el caso concreto de dos galaxias
que en las imágenes aparecen como conectadas
por un filamento, lo cual sugiere que están
situadas a la misma distancia de nosotros.
Sin embargo, sus corrimientos al rojo son
diferentes. Para evitar la contradicción,
los cosmólogos afirman que en realidad estas
dos galaxias no están unidas físicamente
sino que es una ilusión óptica: una de ellas
presenta un filamento y la otra, distante
muchos años-luz, se ve desde la Tierra por
azar como si estuviera justo en el extremo
del filamento. Se puede calcular la
probabilidad de que ocurra semejante
alineación fortuita. Si se tienen en cuenta
todos los casos de galaxias en que se
observa este mismo fenómeno se llega a la
conclusión de que la probabilidad de que
todos sean debidos al azar es ridículamente
pequeña. Y sin embargo los astrofísicos
prefieren ignorar estas observaciones
recalcitrantes para no tener que revisar uno
de los pilares sobre los que reposa su
modelo cosmológico.
L.R.:
Cambiando de registro, usted reprocha al
modelo del Big Bang el invocar un mecanismo
de creación único, escapando así a la
exigencia de reproducibilidad, clásica en
ciencia. Pero ¿no es ése un límite común a
todo modelo cosmológico si se admite la
existencia de un solo Universo?
J.V.N.:
Creo que no. El modelo cuasi-estacionario
desarrollado por Fred Hoyle, Geoffrey
Burbridge y yo desde hace diez años postula
procesos permanentes de creación de materia,
especies de mini-Big-Bangs, a los que podría
aplicarse una gran parte de la física de
altas energías utilizada en el modelo del
Big Bang. En nuestro modelo también hay un
solo Universo pero estos procesos
fundamentales tienen la ventaja, decisiva a
mis ojos, de repetirse en el tiempo.
Podríamos por tanto observarlos hoy.
L.R.:
Usted afirma que su modelo de Universo
cuasi-estacionario explica las observaciones
disponibles al menos igual de bien que el
modelo del Big Bang. ¿Qué tipo de
observaciones podrían, en el futuro, decidir
qué modelo es el correcto?
J.V.N.:
Una observación decisiva sería la detección
de galaxias muy poco luminosas que
presentasen corrimiento espectral al azul en
vez de al rojo. El modelo estándar no podría
explicar la existencia de tales objetos
mientras que nuestro modelo sí los predice.
También predecimos la existencia de
estrellas muy viejas, de 40 000 ó 50 000
millones de años, que de ser descubiertas
liquidarían prácticamente el modelo del Big
Bang, que estima la edad del Universo en 13
000 ó 14 000 millones de años. Pero estas
viejas estrellas, de existir, tienen que ser
muy poco luminosas y para detectarlas haría
falta un programa sistemático de
observaciones que, por desgracia, ningún
organismo de investigación estaría dispuesto
a financiar. Suponiendo que se lanzase
semejante programa y que no encontrásemos
nada, no le oculto que me sentiría bastante
incómodo porque nuestro modelo
cuasi-estacionario necesita estas estrellas
viejas para explicar la radiación de fondo
cosmológica. Sin ellas también me sería
difícil seguir defendiendo que la materia
oscura es materia ordinaria, simplemente tan
poco luminosa que no ha sido detectada hasta
ahora.
L.R.:
El CNRS [equivalente francés del CSIC
español, N. del T.] acaba de inaugurar, en
la costa de Marsella, el experimento
Antares, destinado a detectar partículas
“exóticas” que pudiesen formar parte de esta
materia oscura. Si se obtuvieran resultados
positivos, ¿cómo reaccionaría usted?
J.V.N.:
Si se detectasen estas partículas, la única
conclusión que se podría sacar es que esas
partículas existen. Y no que se ha
encontrado la masa oculta del Universo, como
sin duda anunciarían los promotores del
proyecto, seguidos con gran fanfarria por
los periódicos. Detectar en un laboratorio
simplemente la existencia de un nuevo tipo
de partículas no basta para demostrar que
existen en todo el Universo y además en las
proporciones necesarias para resolver el
enigma de la materia oscura. Permítame por
último recordarle que Antares no es el único
experimento que busca detectar materia
oscura exótica y que todos ellos han dado
resultados negativos hasta ahora. En estas
circunstancias, una actitud verdaderamente
científica otorgaría a los otros modelos la
atención que se merecen. |