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  Datos Astronómicos de nuestro Universo  
  por Sagrario Arana y Pepón Jover  
     
 

 
     
 
     
 

Es importante mencionar, que este apartado trata de aportar una perspectiva científica ortodoxa en el sentido de presentar datos y teorías que se toman como verdaderas actualmente para explicar el origen, evolución y naturaleza del Universo. Sin embargo, bajo el paradigma de la Exopolítica, estos datos y teorías son muy cuestionables, dado que no tienen en cuenta la presencia extraterrestre en el Cosmos. Este hecho hace que tal vez nuestra manera de interpretar los datos de lo poco que vemos con nuestros limitados instrumentos de medición, nos den una perspectiva muy sesgada, limitada e incluso errónea en muchos aspectos. Como por ejemplo, entre otros, la edad del Universo, de la Galaxia, del Sistema Solar, del Planeta, el origen de la vida en la Tierra, y por supuesto en el Cosmos, la supuesta dificultad de la exploración espacial teniendo en cuenta distancias de años luz… cuando con tecnología más avanzada, ese problema se disuelve. Sería como tratar de describir la realidad de un mundo de dos dimensiones desde dentro, sabiendo que existen no sólo tres, sino múltiples. La interpretación de la realidad de dos dimensiones será real para esas dos dimensiones, pero será errónea si se tiene en cuenta que la realidad es multidimensional. En este caso, desde nuestro punto de vista, ocurre lo mismo.

Una conciencia que sólo percibe en una pequeña franja de la realidad, tomará la parte por el todo, sin darse cuenta de que lo que toma por el todo no es más que una pequeña parte, y por tanto, todas las interpretaciones de la parte estarán sesgadas o serán erróneas.

Este apartado realmente no aporta una evidencia de la presencia extraterrestre, pero pretende concienciar de la magnitud del espacio exterior, y por tanto, de lo ridículo que es pensar que estamos solos en el Universo (al menos en este). Cuando uno se acerca a los datos astronómicos, nunca mejor dicho, se da cuenta (o debería) de que la magnitud del espacio exterior es mucho mayor de lo que nuestra mente puede manejar.

Nuestra ciencia actual y los valores que se destilan de ésta así como del sistema social de esta civilización, tienden o son generalmente arrogantes, en el sentido de creer que somos una gran civilización que ha evolucionado desde los hombres de las cavernas sino del mono, y que puede estar orgullosa de los puentes, edificios y tecnologías que hemos construido. Es más, a veces, uno tiene la sensación de que nuestras teorías si no lo explican todo, lo explican casi todo. Hay muchos libros que utilizan la palabra “todo” en sus títulos, como si pudiesen abarcar “toda la realidad” de la ciencia de la cual tratan de hablar. Se dice, a menudo, que el último hito en la ciencia es la explicación de la Conciencia, como si todo lo demás, ya se hubiese resuelto… en mi opinión, sólo estamos empezando a gatear, y la humanidad ha de ponerse de pie para empezar tan sólo a andar. Ello significa que hay mucho por desaprender y mucho por aprender.  

 
     
 
 
 
 

- Presentación

- El Universo es el Todo

- Planetas en otros sistemas solares

- Civilizaciones Extraterrestres: ¿Cuántos son ellos?

- La Ecuación de Francis Drake

- La Paradoja de Fermi: ¿Dónde están todos?

- Ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia: ¿qué pasa con nuestra forma de pensar?

- Perspectiva Exopolítica: ¿Por qué estamos aislados?

- Referencias

 
 
 
     
 

Creo que el conocimiento científico posee propiedades fractales, que no importa cuánto podamos aprender, todo lo que quede, por pequeño que pueda parecer, es tan infinitamente complejo como el total del cual partimos. Ése, creo, es el secreto del universo.

ISAAC ASIMOV

 
     
  Presentación  
     
 

Recordemos que hemos entrado a esta sección de datos sobre Astronomía por una puerta de la web de Exopolítica que pretende aportar las evidencias existentes de Vida Extraterrestre.

El ámbito en el que vamos a situarnos, en este caso, es ni más ni menos que el Kosmos, es decir, la totalidad de todo lo creado. Los datos que aportamos a continuación están dirigidos a conducir nuestra atención a ese marco macro en el que se desenvuelven nuestras existencias cotidianas.

Seguramente, en algún momento de nuestra vida todos nosotros habremos tenido, aunque sea por un rato, un encuentro con la inmensidad de ese espacio que nos rodea. Seguramente, todos y cada uno habremos experimentado una suerte de sobrecogimiento ante la magnitud de ese misterio que se despliega cuando, en silencio, en la extensión del espacio abierto, levantamos la mirada en mitad de la noche.

Seguramente, alguna vez a lo largo de nuestra vida nos hemos sentido minúsculos en esa inmensidad, y una especie de vértigo se ha apoderado de nosotros. Quizá entonces, al igual que les sucedía a los filósofos de la antigüedad, una especie de vacío interrogante haya hecho aparición en el centro de nuestro ser.

A lo peor, hace ya tanto tiempo de eso que ni nos acordamos.

Porque a pesar de esos posibles momentos, la mayor parte de nuestra vida se desenvuelve entre las identificaciones habituales, mucho más apegadas al suelo, a lo inmediato, a los comportamientos inerciales, a los automatismos del día a día, que al final terminan conformando toda una vida.

Vamos a cuantificar. Vamos a dar datos. En realidad, unos pocos de todos los que se almacenan después de tantas investigaciones. Los suficientes para recrear una imagen. Para ir descendiendo visualmente desde la aparente infinitud del Todo hasta la concreción de los planetas más próximos. En ese recorrido fractal, podríamos seguir descendiendo con naturalidad hasta lo micro. Pero no es un trayecto que vayamos a hacer ahora.

Hablaremos de miles de millones de estrellas, hablaremos de millones de galaxias, hablaremos de distancias astronómicas… Unas distancias que precisan ser medidas con unidades luminosas: hablaremos de Años Luz. O sea, la distancia que recorre la luz en un año (corriendo siempre, como suele, nada menos que a 300.000 kilómetros por segundo). Todo es magno a estos niveles, todo es vertiginoso…

Hablaremos de Luz y hablaremos de Materia Oscura. Hablaremos de Creación y hablaremos de Destrucción.

Daremos datos. Pero los datos por sí solos no suelen producirnos nada. Ni el más leve temblor. Ni la más minúscula emoción. Seguramente, eso sí, la activación de la correspondiente zona en la corteza cerebral. Si nos aproximamos al Universo únicamente desde los datos provistos por la razón, no veremos nada más que un gran mecanismo. Un complejo engranaje ordenado.

Sólo la emoción que aflora del vis à vis con esa inmensidad de la que hablábamos, nos convence de la imposibilidad de estar viviendo solos en este planeta Tierra, perdido en el brazo de Orión del Sistema Solar, una parte pequeñita de la Galaxia Vía Láctea. Ella, a su vez, una entre miles de millones de galaxias.

Sabemos dónde estamos nosotros. Y nos preguntamos… ¿dónde están ellos?
 
     
  El Universo es el Todo  
     
 

La noche esta iluminada por la luna.

Entre las nubes blancas se abren pedazos de cielo oscuro por donde asoman las estrellas.

Antares está más o menos a mi proa, un poco a babor.

A la popa, Aldebarán, Riguel y las simpáticas Tres Marías de la Constelación de Orión.

Vamos avanzando por ese camino marcado por la luna,

como si fuéramos algo más, una célula, una pequeña vida,

un componente ínfimo del movimiento del universo.

Vamos mi barco y yo. Yo sobre mi barco.

Yo, solo sobre mi barco

 

Julio Villar / ¡Eh, Petrel! Cuaderno de un navegante solitario.

 
     
 

Universo es una palabra derivada del latín que a su vez proviene de Unus ('uno', en el sentido de 'único') y versus ('desarrollado, puesto junto'). Según como entendemos actualmente el término "universo", puede ser utilizado en ligeramente diferentes sentidos contextuales, para referirse a conceptos como el cosmos, el mundo o la naturaleza. En filosofía se designa Universo al mundo, o conjunto de todo lo que sucede.

El Universo es más comúnmente definido como todo lo que existe físicamente: la totalidad del espacio y del tiempo, de todas las formas de la materia, la energía y el impulso, y las leyes y constantes físicas que las gobiernan. Según las teorías especulativas actuales, como la Teoría de Cuerdas, la realidad que vivimos no estaría compuesta únicamente por un Universo, sino por múltiples Universos y dimensiones. El contactado por los Andromedanos Alex Collier, en su entrevista de 1994, menciona que vivimos en un Universo, en este que estamos ahora, pero que existen muchos otros, y que los agujeros negros sirven, entre otras cosas, como medios para pasar de uno a otro.

Basándose en observaciones del universo observable, los físicos intentan describir el continuo espacio-tiempo en que nos encontramos, junto con toda la materia y energía existentes en él. Su estudio, en las mayores escalas, es el objeto de la cosmología, disciplina basada en la astronomía y la física, en la cual se describe todo aspecto de este universo con sus fenómenos.

La materia no se distribuye de manera uniforme, sino que se concentra en lugares concretos: galaxias, estrellas, planetas… Sin embargo, el 90% del Universo es una masa oscura, que no podemos observar. Es la llamada materia oscura, y actualmente está ampliamente aceptada por los astrónomos como el relleno del que está hecho la mayoría del Universo. Los astrónomos no saben qué es, ya que nunca la han visto.

Sin embargo, aunque no pueden observar la materia oscura de forma directa, pueden observar sus efectos mirando los cúmulos de galaxias que actúan como lentes gravitacionales. La gravedad de estos cúmulos de galaxias curva la luz procedente de las galaxias más distantes, justo como lo haría una lente óptica.

Analizando estos efectos, usando modelos computacionales, los astrónomos han determinado la masa de estos cúmulos de galaxias y encontraron de nuevo, que la materia oscura debe ser abundante. De hecho, creen que existe mucha más material oscura en el Universo que la cantidad de materia normal en una proporción de quizás 10 a 1.

Si se pudiera ver la materia oscura, dicen los astrónomos, la mayoría de las galaxias, incluyendo nuestra propia Vía Láctea, parecería 10 veces mayor de como aparece en los telescopios. Todos los habitantes habituales del cosmos – estrellas, galaxias, planetas y nubes de gas y polvo – son sólo una pequeña fracción de lo que hay allá afuera.

Se conoce muy poco sobre el tamaño del Universo. Puede tener una longitud de billones de años luz o incluso tener un tamaño infinito. Las distancias que separan los astros son tan grandes que si quisiéramos expresar en metros, tendríamos que utilizar cifras muy largas. Debido a ello, se utiliza como unidad de longitud el año luz, que corresponde a la distancia que recorre la luz en un año.

Actualmente, el modelo más comúnmente aceptado es el propuesto por Albert Einstein en su Relatividad General, en la que propone un universo "finito pero ilimitado", es decir, que a pesar de tener un volumen medible no tiene límites, de forma análoga a la superficie de una esfera, que es medible pero ilimitada. No obstante el volumen del universo no puede ser calculado ya que no podemos observar nada más alejado del anteriormente citado limite de observación (esfera de radio de 46.500 millones años luz, teniendo en cuenta los efectos de expansión).

Las Galaxias

Las galaxias son el constituyente fundamental del Universo. El Universo está formado por galaxias y agrupaciones de galaxias. Las galaxias son acumulaciones enormes de estrellas, gases y polvo. En el Universo hay centenares de miles de millones. A su vez, cada galaxia puede estar formada por centenares de miles de millones de estrellas y otros astros. En el centro de las galaxias es donde se concentran más estrellas.

Cada cuerpo de una galaxia se mueve a causa de la atracción de los otros. En general hay, además, un movimiento más amplio que hace que todo junto gire alrededor del centro.


Galaxias vecinas 

 Distancia (Años luz)

Nubes de Magallanes 

 200.000

El Dragón 

 300.000

Osa Menor 

 300.000

El Escultor 

 300.000

El Fogón 

 400.000

Leo 

 700.000

NGC 6822 

 1.700.000

NGC 221 (M32) 

 2.100.000

Andrómeda (M31) 

 2.200.000

El Triángulo (M33) 

 2.700.000

Estas unidades de estrellas están distribuidas por todo el Universo y presentan características muy diversas, tanto en lo que respecta a su configuración como a su antigüedad: las hay viejas y jóvenes, grandes y pequeñas, brillantes y opacas, y de muy variadas formas. Las más pequeñas abarcan alrededor de 3.000 millones de estrellas, y las galaxias de mayor tamaño pueden llegar a abarcar más de un billón de astros. Estas últimas suelen tener un diámetro de 170.000 años luz, mientras que las primeras no pasan de los 6.000 años luz.

Hay galaxias enormes como Andrómeda (de donde provienen los Andromedanos), o pequeñas como su vecina M32. Las hay en forma de globo, de lente, planas, elípticas, espirales (como la nuestra) o formas irregulares. Las galaxias se agrupan formando "cúmulos de galaxias". La galaxia grande más cercana es Andrómeda. Se puede observar a simple vista y parece una mancha luminosa de aspecto brumoso. Actualmente se la conoce con la denominación M31. Está a unos 2.200.000 años luz de nosotros. Es el doble de grande que la Via Láctea.

Las primeras galaxias se empezaron a formar 1.000 millones de años después del Big-Bang (según la teoría oficial de la ciencia). Las estrellas que las forman tienen un nacimiento, una vida y una muerte. El Sol, por ejemplo, es una estrella formada por elementos de estrellas anteriores muertas.

Los movimientos de las galaxias provocan, a veces, choques violentos. Pero, en general, las galaxias se alejan las unas de las otras, como puntos dibujados sobre la superficie de un globo que se infla.

Además de estrellas, las galaxias contienen también materia interestelar, constituida por polvo y gas en una proporción que varia del 1 al 10% de su masa.

Tan sólo 3 galaxias distintas a la nuestra son visibles a simple vista. Tenemos la Galaxia de Andrómeda, visible desde el Hemisferio Norte; la Gran Nube de Magallanes y la Pequeña Nube de Magallanes, en el Hemisferio Sur celeste. El resto de las galaxias no son visibles con los ojos sin ayuda de instrumentos.

La Vía Láctea

La Vía Láctea es nuestra galaxia. Según las observaciones, posee una masa de 1012 masas solares y es, muy posiblemente, una espiral. Con un diámetro medio de unos 100.000 años luz se calcula que contiene unos 200.000 millones de estrellas, entre las cuales se encuentra el Sol. La distancia desde el Sol al centro de la galaxia es de alrededor de 27.700 años luz (8,5 kpc)

A simple vista, se observa como una estela blanquecina de forma elíptica, que se puede distinguir en las noches despejadas. Lo que no se aprecian son sus brazos espirales, en uno de los cuales, el llamado brazo de Orión, está situado nuestro sistema solar, y por tanto la Tierra.

El núcleo central de la galaxia presenta un espesor uniforme en todos sus puntos, salvo en el centro, donde existe un gran abultamiento con un grosor máximo de 16.000 años luz, siendo el grosor medio de unos 6.000 años luz.

Todas las estrellas y la materia interestelar que contiene la Vía Láctea, tanto en el número central como en los brazos, están siendo situadas dentro de un disco de 100.000 años luz de diámetro, que gira lentamente sobre su eje a una velocidad lineal superior a los 216 km/s.

Junto con las galaxias de Andrómeda (M31) y del Triángulo (M33), las Nubes de Magallanes (satélites de la Vía Láctea), las galaxias M32 y M110 (satélites de Andrómeda), galaxias y nebulosas más pequeñas y otros sistemas menores, forman un grupo vinculado por la gravedad.

En total hay unas 30 galaxias que ocupan un área de unos 4 millones de años luz de diámetro. Todo el grupo orbita alrededor del gran cúmulo de galaxias de Virgo, a unos 50 millones de años luz.

El Sistema Solar: ¿Dónde estamos nosotros?

El Sistema Solar es un conjunto de planetas, satélites, asteroides y cometas que giran alrededor de una estrella central, denominada Sol. Según la comprensión actual de la ciencia, el Sol se formó, al igual que los demás componentes, hace unos 4.600 millones de años, cuando una inmensa nube de gas y polvo se contrajo a causa de la fuerza de la gravedad y comenzó a girar a gran velocidad, probablemente, debido a la explosión de una supernova cercana.

El Sistema Solar es un sistema estelar que se encuentra dentro de la galaxia denominada Vía Láctea, de 13 billones de años de antigüedad, compuesta por 100.000 millones de estrellas y con un diámetro de 100.000 años luz (un año luz equivale a la distancia que recorre la luz en un año, una grandísima distancia si se tiene en cuenta que la luz viaja a una velocidad de 300.000 km/s). El Sistema Solar está en uno de los brazos de la espiral, a unos 30.000 años luz del centro y unos 20.000 del extremo.

Nuestro mundo, la Tierra, es minúsculo comparado con el Universo. Formamos parte del Sistema Solar, perdido en un brazo de una galaxia que tiene 100.000 millones de estrellas, pero sólo es una entre los centenares de miles de millones de galaxias que forman el Universo.

Cada 225 millones de años el Sistema Solar completa un giro alrededor del centro de la galaxia. Se mueve a unos 270 km. por segundo.

No podemos ver el brillante centro porque se interponen materiales opacos, polvo cósmico y gases fríos, que no dejan pasar la luz. Se cree que contiene un poderoso agujero negro.

Los 8 planetas del Sistema Solar, de acuerdo con su cercanía al Sol, son: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón (aunque recientemente este último ha sido descatalogado de la categoría de planeta por ser muy pequeño). Los planetas son astros que: 1) describen trayectorias llamadas órbitas al girar alrededor del Sol, 2) tienen suficiente masa para que su gravedad supere las fuerzas del cuerpo rígido, de manera que asuman una forma en equilibrio hidrostático (prácticamente esférica) y 3) han despejado la zona de su órbita

Estas órbitas son distintas por la distancia del planeta con respecto al Sol y por el tiempo de su giro. Urano tarda 84 años en completar su órbita por encontrarse más lejos del astro solar, en cambio Mercurio efectúa su órbita completa en 88 días. Saturno cubre su trayectoria en 29 años y Marte en 686 días.

Planeta

Diámetro ecuatorial

Masa

Radio orbital
(UA)

Periodo orbital
(años)

Periodo de rotación
(días)

Satélites naturales
(Año 2007)

Mercurio

0.382

0.06

0.38

0.241

58.6

0

Venus

0.949

0.82

0.72

0.615

-243

0

Tierra

1.00

1.00

1.00

1.00

1.00

1

Marte

0.53

0.11

1.52

1.88

1.03

2

Júpiter

11.2

318

5.20

11.86

0.414

63

Saturno

9.41

95

9.54

29.46

0.426

60

Urano

3.98

14.6

19.22

84.01

0.718

27

Neptuno

3.81

17.2

30.06

164.79

0.671

13

Los planetas tienen diversos movimientos, los más importantes son los de rotación y translación:

  • Por el de rotación, giran sobre sí mismos alrededor de un eje (determinando los días).

  • Por el de translación, describen órbitas alrededor del Sol (determinando los años).

Los planetas tienen forma casi esférica, como una pelota aplanada por los polos: Los materiales compactos están en el núcleo. Los gases, si los hay, forman una atmosfera sobre la superficie.

Nuestro sistema solar hoy en día tiene cuatro planetas rocosos y cuatro gaseosos:

  • Mercurio, Venus, la Tierra y Marte son planetas pequeños y rocosos, con densidad alta. Tienen un movimiento de rotación lento, pocas lunas (o ninguna) y forma esférica un poco más redonda que los siguientes.

Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, los gigantes gaseosos, son enormes y ligeros, hechos de gas y hielo. Estos planetas giran deprisa, tienen muchos satélites, anillos y un poco más abultamiento ecuatorial que los anteriores.

Las Constelaciones

Las estrellas que se pueden observar en una noche clara forman determinadas figuras que llamamos constelaciones, y que sirven para localizar más fácilmente la posición de los astros. En total, hay 88 agrupaciones de estrellas que aparecen en la esfera celeste y que toman su nombre de figuras religiosas o mitológicas, animales u objetos.

Los dibujos de constelaciones más antiguos que se conocen señalan que las constelaciones ya habían sido establecidas el 4000 a.C. Los sumerios le dieron el nombre a la constelación Acuario, en honor a su dios An, que derrama el agua de la inmortalidad sobre la Tierra. Los babilonios ya habían dividido el zodíaco en 12 signos iguales hacia el 450 a.C.

 

Para designar las aproximadamente 1.300 estrellas brillantes, se utiliza el genitivo del nombre de las constelaciones, precedido por una letra griega; este sistema fue introducido por Johann Bayer. Por ejemplo, a la famosa estrella Algol, en la constelación Perseo, se le llama Beta Persei.

Entre las constelaciones más conocidas se hallan las que se encuentran en el plano de la órbita de la Tierra sobre el fondo de las estrellas fijas. Son las constelaciones del Zodíaco. Además de éstas, algunas muy conocidas son Cruz del Sur, visible desde el hemisferio Sur, y Osa Mayor, visible desde el hemisferio Norte. Éstas y otras constelaciones permiten ubicar la posición de importantes puntos de referencia como, por ejemplo, los polos celestes.

Las Estrellas

Las estrellas son los elementos constitutivos más destacados de las galaxias. Estos soles, gaseosos y esféricos, son masas de gases, principalmente hidrógeno y helio, que emiten luz. Se encuentran a temperaturas muy elevadas. En su interior hay reacciones nucleares. El Sol es una estrella.

Al observar el firmamento, dentro del mar de oscuridad compuesta por materia y energía oscura, los puntos luminosos intermitentes son estrellas, cuerpos que generan su propia luz. Dicho centelleo es debido a la enorme distancia que debe recorrer su luz hasta llegar a nosotros, interrumpida en su camino, y que hace modificar el haz de luz. Por el contrario, los planetas, al encontrarse relativamente cerca, tan sólo reflejan la luz del Sol, por ello no presentan dicho centelleo, aunque en algunos casos si pueda darse, según sean las condiciones metereológicas.

El número de estrellas observables a simple vista desde la Tierra se ha calculado en unas 8.000, la mitad en cada hemisferio. Durante la noche no se pueden ver más de 2.000 al mismo tiempo, el resto quedan ocultas por la neblina atmosférica, sobre todo cerca del horizonte, y la pálida luz del cielo.

Los Satélites

Los satélites naturales son astros que giran alrededor de los planetas. El único satélite natural de la Tierra es la Luna. En Marte hay dos satélites naturales, Fobos y Deimos, observados desde 1877. También se detectan varios satélites girando alrededor de Saturno, Júpiter y Urano.

Es interesante anotar, que parece ser que nuestro satélite, La Luna, no es un satélite natural sino que mucho tiempo atrás, fue creado artificialmente por una civilización anterior.  

Planetas en otros Sistemas Solares

Saber si estamos o no solos en el universo ha sido uno de los objetivos de muchos filósofos y científicos a lo largo de la historia. Hasta hace poco, los únicos planetas conocidos formaban parte del Sistema Solar. El descubrimiento de planetas extrasolares es un acontecimiento bastante reciente. Aunque la búsqueda sistemática comenzó en 1988, el primer planeta extrasolar o exoplaneta fue detectado en 1995.

Hasta hace poco tiempo los científicos no han dispuesto de técnicas e instrumentos capaces de detectar planetas extrasolares, es decir, sistemas planetarios en torno a otras estrellas. La llegada del telescopio espacial Hubble permitió realizar observaciones detalladas de regiones de formación de estrellas.

En 1995 se anunció el descubrimiento del primer planeta extrasolar girando en torno a una estrella de tipo solar, 51 Pegasi. A partir de ese momento, los anuncios de nuevos planetas extrasolares se han ido sucediendo sin pausa hasta llegar a la actualidad. Ahora ya se conocen varios centenares de planetas extrasolares, y el número de planetas conocidos crece cada año.

Dada la dificultad que presentan las observaciones directas, los primeros intentos de búsqueda de planetas que han dado resultado se han basado en observaciones indirectas. Los métodos utilizados se basan en las perturbaciones gravitatorias causadas por los planetas sobre las estrellas y en el tránsito del planeta por delante de la luz de la estrella.

Civilizaciones Extraterrestres: ¿Cuántos son ellos?

Nuestro sol es sólo una estrella solitaria en una colección de cuatrocientos mil millones. La Vía Láctea es sólo una galaxia entre cientos de miles de millones de galaxias en el Universo. Parece que debería haber un montón de vida ahí fuera. ¿Podemos hacer una estimación inicial?

¿Cuántas civilizaciones técnicamente avanzadas existen en nuestra galaxia? Ésta es la pregunta a la que trata de dar respuesta la conocida como Ecuación de Drake o Fórmula de Drake. Esta ecuación fue concebida en 1961 por el radioastrónomo y presidente del Instituto SETI Frank Drake, con el propósito de estimar la cantidad de civilizaciones en nuestra galaxia, la Vía Láctea, susceptibles de poseer emisiones de radio detectables.

Se ha criticado la Ecuación de Drake afirmando que cualesquiera 'respuestas' numéricas producidas no serían más que conjeturas, ya que la mayoría de los términos de la ecuación son desconocidos cuantitativamente en muchos órdenes de magnitud. Sin embargo, una ecuación describe cómo se relacionan lógicamente los elementos de un problema, tanto si conocemos sus valores numéricos como si no.

La ecuación Drake es lo que se conoce como un experimento Gedanken, o de pensamiento. Este tipo de experimento ha sido usado durante cientos de años por científicos y filósofos para reflexionar sobre problemas espinosos. Descansan en el poder de la imaginación para extrapolar estos escenarios a conclusiones lógicas. No implican instrumental de laboratorio y, a menudo, ni siquiera datos experimentales. Se puede decir que son ensueños enfocados. Sin embargo, han conducido a menudo a importantes progresos científicos.

Los astrónomos saben que la Ecuación de Drake no puede probar nada, pero la valoran como la forma más útil de organizar la ignorancia de una cuestión difícil dividiéndola en partes manejables. Este tipo de análisis es estándar, y una técnica reconocida del pensamiento científico. A medida que las nuevas observaciones emergen, la Ecuación de Drake puede ser modificada como sea necesario o incluso sustituida en su totalidad. Pero ésta aporta el necesario punto de partida.

Aunque impresionante a simple vista, se trata de una sencilla ecuación que comprende algunos factores que podrían influir para que pudiéramos coexistir en nuestra galaxia en un momento con civilizaciones tecnológicamente avanzadas. Aunque se puede expresar de varios modos, más o menos equivalentes, la fórmula original de la ecuación es: 

N representa aquí el número de civilizaciones que podrían comunicarse en nuestra galaxia, la Vía Láctea. Este número depende de varios factores:

R* representa el número de estrellas en nuestra galaxia y la relación de nacimiento y muerte de estrellas. Este número en nuestra galaxia se estima entre 200 y 400 mil millones de estrellas, aunque debe modificarse en relación a la tasa de las que nacen y mueren. Los números de los científicos indican que este valor puede manejarse como diez estrellas formadas por año a lo largo de la vida de la galaxia.

fp representa el número de estrellas que tendrían planetas. A la luz de los nuevos descubrimientos de planetas extrasolares se estima que este valor podría ser de -al menos- 50 por ciento, que en fracción es 0.5

ne indica el número de planetas que pudieran ser aptos para desarrollarse en ellos la vida. Si pensamos en nuestro sistema solar, este número podría variar entre 2 considerando a Marte y la Tierra, a 4 si incluimos los satélites naturales que pudieran tener o pudiera desarrollarse vida. Siendo moderados el criterio de los científicos es que este valor podría ser de 2.

Cuando Drake propuso su ecuación por primera vez, no teníamos forma de estimar ninguno de sus términos más allá del primero, que representa la tasa de formación estelar en nuestra galaxia. Después en 1995, los astrónomos comenzaron a descubrir planetas en órbita alrededor de otras estrellas. Estos resultados prometen ahora afinar nuestras estimaciones para el segundo término de la ecuación, que indica el número de mundos habitables por estrella. ¿Quién sabe que descubrimientos inesperados nos hablarán sobre los otros términos de la ecuación?

Los términos restantes de la ecuación dependen de la biología y el desarrollo social de otros mundos, y aquí somos profundamente ignorantes. Nuestra experiencia local puede aportar alguna guía, sin embargo.

fl representa los planetas que pueden sustentar vida y que realmente la desarrollan. Un valor realista podría ser 1 (uno). Pero es sólo una suposición. Sabemos que la vida en la Tierra surgió casi tan pronto como las condiciones lo permitieron, en cuanto la corteza se enfrió lo suficiente para que el agua líquida persistiera. Este hecho sugiere que las condiciones para el origen de la vida en otros mundos habitables no son restrictivas, y que el valor de fl está más cerca del uno que del uno por mil. Pero eso es sólo una suposición. Nadie sabe cómo empezó la vida en la Tierra, y no podemos generalizar a partir de un solo caso.

fi representa las condiciones para el desarrollo de vida inteligente. En la Tierra este paso primero requirió la evolución de animales complejos, que surgieron unos tres mil millones de años después del origen de la vida, y después el desarrollo de cerebros capacitados para el pensamiento abstracto, lo que llevó otros quinientos millones de años. Entre los millones de especies animales que han vivido en la Tierra, probablemente sólo una ha tenido alguna vez inteligencia suficiente para comprender la Ecuación de Drake. Esto sugiere que fi podría ser una fracción muy pequeña

fc representa la probabilidad de que la vida inteligente desarrolle una civilización que desarrolle una tecnología de comunicación con otras civilizaciones del espacio. En la Tierra, las ballenas y delfines pueden muy bien tener inteligencia suficiente para el pensamiento abstracto, pero carecen de los medios para fabricar herramientas. Los humanos, con manos hábiles, comenzaron a fabricar herramientas hace aproximadamente un millón de años. Comenzando hace unos diez mil años, las civilizaciones basadas en la agricultura surgieron independientemente varias veces, en Mesopotamia, Egipto, China, México, Perú, y Nueva Guinea. Esto sugiere que el valor de fc es grande, pero nuevamente no deberíamos generalizar a partir de la experiencia de sólo una especie inteligente y capaz de manipular.

L simboliza el tiempo de vida medio que una civilización sobrevive. La Ecuación de Drake asume que, cualesquiera que sean los otros factores, el número de civilizaciones actualmente en nuestra galaxia es directamente proporcional a su tiempo de vida medio. Cuanto más tiempo vivan, más civilizaciones existirán en un momento dado. Pero, ¿cuál es la esperanza de vida de una civilización? En la Tierra, docenas de civilizaciones importantes han florecido y decaído en los últimos diez mil años. Su tiempo de vida medio es de unos cuatro siglos. Pocas de las civilizaciones de la Tierra han durado hasta los dos mil años

Deberíamos también distinguir entre la longevidad de un simple episodio de civilización y el tiempo de vida sumado de una secuencia de civilizaciones. Casi todas las discusiones de la Ecuación de Drake han pasado por alto esta distinción y por tanto han subestimado significativamente L.

Según explica Steven Soter, científico residente del Centro de Estudios Antiguos de la Universidad de Nueva York, Astrobiology Magazine, el valor correcto de L no es la duración media de un solo episodio de civilización en un planeta, que para la Tierra es de unos 400 años. En cambio, L es mucho más grande, siendo la suma de los episodios recurrentes de civilización, y constituye una fracción sustancial del tiempo de vida biológico de las especies inteligentes. El tiempo de vida medio para los mamíferos es de unos cuantos millones de años. Suponiendo que la especie humana dure otro millón de años y que nuestros descendientes tengan episodios recurrentes de civilización durante más del 10 por ciento de ese tiempo. Entonces el tiempo de vida medio efectivo de la civilización sobre la Tierra excederá los 100 000 años, o 250 veces la duración de un solo episodio. Con otros factores semejantes, esta consideración generalmente descuidada debería incrementar el número esperado de civilizaciones en nuestra galaxia en al menos cien veces [datos teóricos, modificables bajo la perspectiva de exopolítica, mirar la historia de la humaidad desde el punto de vista de los Andromedanos, y en particular explicado por Alex Collier]

Si ahora insertamos números en la Ecuación de Drake que representen el amplio rango de estimaciones plausibles para los distintos términos, encontramos que el número N de civilizaciones en nuestra galaxia podría oscilar desde unos cuantos miles a cerca de una en diez mil.

El último (y pesimista) caso es equivalente a encontrar nada más que una civilización entre diez mil galaxias, así que la nuestra sería la única en la Vía Láctea. En el anterior (y optimista) caso, la civilización más cercana podría estar lo bastante cerca de nosotros como para detectar sus señales de radio.

Así, las estimaciones para N cubren todo el espectro. Mientras que esto exaspera a los críticos que demandan respuestas concretas de la ciencia, no invalida el poder conceptual de la Ecuación de Drake.

La Paradoja de Fermi: ¿Dónde están todos?

La paradoja de Fermi es la observación contradictoria y contra-intuitiva de que aún no hemos visto evidencia de la existencia de inteligencia extraterrestre. El tamaño y la edad del Universo sugieren que muchas civilizaciones inteligentes y avanzadas han de existir. Sin embargo, esta hipótesis parece ser inconsistente con la falta de evidencia observable para comprobarla.

Si han surgido muchas civilizaciones en nuestra galaxia, podríamos esperar que alguna de ellas enviara colonias, y alguna de esas colonias enviara todavía más colonias. Las olas resultantes de colonización se habrían extendido a través de la Vía Láctea en un tiempo menor que la edad de nuestra galaxia. Así que ¿dónde están todas esas civilizaciones extraterrestres? ¿Por qué no las hemos visto?

Esta paradoja fue muy ignorada cuando, en 1950, el físico Enrico Fermi hizo su famosa pregunta "¿Dónde están todos?" El enigma fue revitalizado por Michael Hart en 1975, por lo cual a veces se le llama "Paradoja de Fermi-Hart"

Muchas respuestas se han propuesto desde entonces, incluyendo

  • La nuestra es la primera y única civilización que ha surgido en la Vía Láctea
  • Los extraterrestres existen pero se ocultan
  • Ya han estado aquí y nosotros somos sus descendientes.
  • Una de las más populares es la hipótesis del zoo, según la cual existe un acuerdo tácito de que no exista interferencia con nuestro desarrollo por parte de las posibles civilizaciones extraterrestres (el estado de Cuarentena del que habla Alfred L. Webre, y que comentaremos más adelante).

George Dvorsky, líder futurista y director del Institute for Ethics and Emerging Technologies, en su artículo titulado La paradoja de Fermi: regresa para vengarse, escribe:

La paradoja de Fermi sigue viva y en muy buen estado.

Conforme nuestra ciencia va madurando, y la búsqueda de vida extraterrestre continúa fracasando, el Gran Silencio se vuelve cada vez más ruidoso. El aparentemente vacío cosmos nos está gritando, diciéndonos que algo está raro.

En cierto modo, nuestro aislamiento en el Universo ha configurado y definido la condición humana. Es una parte tan indeleble de nuestra realidad que muchas veces la damos por sentada o la racionalizamos al extremo.

Para afrontar la disonancia cognitiva creada por el Gran Silencio, nos hemos refugiado en viejos argumentos como la arrogancia humana, el antropocentrismo y, peor aún, en una especie de complejo de inferioridad intergaláctico. Somos muy dados a inventar excusas como "somos los primeros", "no estamos solos" o "¿por qué alguna civilización querría relacionarse con nosotros, los subdesarrollados humanos?".

Con un análisis más de cerca, estas excusas no son válidas. Nuestra ciencia va madurando constantemente y nos estamos dando cuenta cada vez más que nuestro aislamiento en el cosmos y la penuria de los fenómenos artificiales observables son una directa violación de nuestras expectativas y, como consecuencia, de nuestro anticipado futuro como una especie que viaja por el espacio.

De hecho, uno de los retos científicos y filosóficos más grandes que la humanidad tiene en frente en este momento es el responder la interrogante sobre la existencia de inteligencia extraterrestre.

Todavía no hemos visto ninguna evidencia legítima de su existencia. Tampoco parece que dichas especies inteligentes hayan pasado por nuestro sistema solar; y no vemos signos de su actividad en el espacio y aún estamos esperando recibir algún tipo de comunicación de parte de ellos.

A continuación, Dvorsky enumera una serie de razones, basadas en los últimos descubrimientos inter-disciplinarios que contribuyen a dar crédito a la Paradoja de Fermi como un problema científico irresoluto:

  • Mejor cuantificación y conceptualización de nuestro ambiente cosmológico

  • Mejor entendimiento de la formación de los planetas, su composición y la presencia de zonas habitables

  • El descubrimiento de más de 240 planetas extrapolares, muchos de los cuales tienen zonas habitables.

  • Confirmación del rápido origen de la vida en la Tierra

  • Creciente legitimidad de las teorías sobre la panspermia: Existe una buena probabilidad de que habitemos una muy comprometida y fértil galaxia en la cual las "semillas de la vida" son rociadas. Ha surgido evidencia de que ciertos granos de material en nuestro sistema solar vinieron de fuera de nuestro sistema solar.

  • Descubrimiento de extremófilos: La vida simple es mucho más resistente a la tensión ambiental de lo que antes se imaginaba.

  • Creciente concepto de un Universo biofílico en el cual los parámetros cosmológicos para la existencia de la vida son tan específicos que casi sugieren que generar vida es de hecho lo que se supone que el Universo debe hacer.

  • Confirmación de un temprano potencial para la vida inteligente

  • La evolución muestra tendencias progresivas a incrementar la complejidad y la dirección de la vida a incrementar la aptitud.

Ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia: ¿qué pasa con nuestra forma de pensar?

Teniendo en cuenta todos éstos y otros descubrimientos inter-disciplinarios que se están produciendo, se supone que deberíamos estar viviendo en una galaxia saturada de inteligencia y altamente organizada. Por tanto, hay algo que no concuerda con el aparente aislamiento en el que nos encontramos.

En consecuencia, debemos suponer: o bien que la vida inteligente es rara, o, teniendo en cuenta la biofilia de nuestro Universo, es decir, su querencia por la vida, su indudable tendencia a crear vida, nuestras suposiciones acerca de la conducta general de las civilizaciones inteligentes son incorrectas.

La cantidad de datos aportados por Dvorsky, y su argumentación, parecen desembocar, de una forma natural, en un planteamiento interesante. Una paradoja es paradoja por una razón: significa que hay algo que anda mal en nuestro modo de pensar.

Se dice que ausencia de evidencia no es lo mismo que evidencia de ausencia. Es muy probable que la paradoja sea tal porque no tenemos en cuenta que el error de cálculo está en nuestro modo de abordar la cuestión. Esto nos obliga a revisar qué es lo que subyace -que no ha quedado suficientemente explicitado-, en la forma en que afrontamos esta cuestión.

Para avanzar en este planteamiento, la pregunta es: ¿qué es lo que anda mal en nuestro modo de pensar?, o lo que es lo mismo: ¿de qué no somos conscientes en la forma de abordar esta cuestión?

A este respecto, hay diversas cuestiones relevantes:

De un lado, está el hecho de que nuestros sentidos físicos son herramientas de demasiado corto alcance para captar la complejidad de lo real. Conocemos su limitación, y de ahí que necesitemos inventar máquinas que lleguen hasta donde ellos no lo hacen. Pero nos cuesta reconocer que no es así en todos los casos, que no es así para todos los seres.

Sabemos, por ejemplo, que en comparación con los seres humanos, muy pocos animales perecieron como consecuencia del tsunami del Índico en 2004. Tenemos constancia de que muchos animales son capaces de captar frecuencias que los humanos no podemos recoger, lo que les sirve para anticipar su comportamiento a sucesos que aún están por ocurrir. Pero no sólo los animales poseen esas capacidades. Muchos seres humanos de todas las épocas y de todas las culturas han mostrado –y lo siguen haciendo-, la existencia de otras formas de conocimiento no basadas en la utilización ordinaria de los sentidos, y que rompen con la forma en que habitualmente nos relacionamos con el tiempo y con el espacio. Hablaríamos de una suerte de contraparte metafísica de los sentidos físicos.

Por otro lado, deberíamos considerar el hecho de que nuestros propios hábitos de pensamiento, el miedo a todo lo que nos resulta desconocido, nos esté impidiendo ver algo que preferimos no ver porque no lo controlamos. Hemos metido en un baúl montañas de datos sobre cuestiones que no somos capaces de explicar. Al baúl le hemos colocado la etiqueta de “Paranormal”, y muchos de nosotros hemos procurado olvidarnos de todas esas cosas que nos recuerdan que algo “no cuadra”. Algo, o mucho, en realidad. Una cantidad demasiado grande de hechos inexplicables desde el antiguo paradigma se acumula, produciéndonos inquietud.

Ese algo nos perturba detrás de las explicaciones que nos damos sobre lo que llamamos “realidad”, y que, en el fondo, es una parte muy pequeña de lo real. Es la parte deformada de lo real que nos permitimos ver, parapetados tras nuestros miedos, e inconscientes de ellos.

En este camino de análisis minucioso y racional que es la ciencia a partir del pensamiento de Descartes, se ha producido una pérdida irreparable, o al menos una escisión importante. El vínculo entre razón y emoción, o más exactamente, el cruce de conocimientos que ambas formas de aprehender la realidad aportan, se ha quedado fuera, y con él el acceso a una fuente de conocimiento que supera a ambos, que armoniza los opuestos. El ser humano, rodeado de las máquinas que requiere para extender el alcance de sus sentidos, encerrado en sus laboratorios para estudiar la Naturaleza, se ha separado definitivamente de ella. En esa separación, se ha olvidado de cuál era el objeto de su búsqueda.

La razón separada de la emoción produce un conocimiento parcial, frío y desconectado. La emoción, sin la dirección que aporta la razón, da como consecuencia un conocimiento supersticioso y manipulable.

Un fenómeno generalizado de represión, censura científica y dogmatismo se observa en la ciencia moderna. Dentro de él, proliferan asociaciones organizadas de los autodenominados “escépticos”. Escéptico es el que duda, el que investiga, el que se niega a sacar conclusiones precipitadas en base a pruebas aparentemente concluyentes. Sin embargo, en muchos casos, estos escépticos no son tales, sino que en realidad se trata de incrédulos. Un incrédulo es algo muy diferente a un escéptico. El incrédulo se caracteriza por una creencia a priori de que una cierta idea es equivocada. A partir de esa posición, ninguna cantidad de evidencia empírica podrá influirlo en sentido contrario.

Por último, existe otra cuestión, nada pequeña, a la hora de poner de manifiesto aquello de lo que no somos conscientes al abordar la cuestión de por qué la Paradoja de Fermi sigue siendo un problema científico irresuelto.  Ésta cuestión, según creo, englobaría, de alguna manera, a todas las otras.

Tenemos que tener en cuenta que sin la búsqueda personal, individualizada, experimentada, nuestra visión de la realidad está configurada, en grandísima medida, por los medios de comunicación, los cuales se encuentran todos en las mismas manos: las de los grupos de poder, interesados en retener el verdadero conocimiento, ocultando sistemáticamente las pruebas de la evidencia. Los mismos grupos de poder que dirigen las investigaciones científicas en determinadas direcciones, y que refrenan y obstaculizan las que van en otras.

La verdad es que parece haber mucha más evidencia de la que determinados sectores están dispuestos a admitir, o a tolerar… Precisamente la Exopolítica trata de poner de manifiesto que no hay ausencia de evidencia, más bien evidencia de presencia.

Perspectiva Exopolítica: ¿por qué estamos aislados?

 

Referencias

 

 
     
     
 

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