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Universo
es una palabra
derivada
del
latín
que a su vez proviene de
Unus
('uno', en el sentido de 'único') y
versus
('desarrollado, puesto junto'). Según como
entendemos actualmente el término "universo", puede ser
utilizado en ligeramente diferentes sentidos
contextuales, para referirse a conceptos
como el cosmos, el mundo o la naturaleza. En
filosofía se designa Universo al
mundo,
o conjunto de todo lo que sucede.
El Universo es más comúnmente definido como
todo lo que existe físicamente: la totalidad
del espacio y del tiempo, de todas las
formas de la materia, la energía y el
impulso, y las leyes y constantes físicas
que las gobiernan. Según las teorías
especulativas actuales, como la Teoría de
Cuerdas, la realidad que vivimos no estaría
compuesta únicamente por un Universo, sino
por múltiples Universos y dimensiones. El
contactado por los Andromedanos
Alex Collier, en su entrevista de 1994,
menciona que vivimos en un Universo, en este
que estamos ahora, pero que existen muchos
otros, y que los agujeros negros sirven,
entre otras cosas, como medios para pasar de
uno a otro.
Basándose en observaciones del
universo
observable, los físicos intentan
describir el continuo
espacio-tiempo en que nos
encontramos, junto con toda la
materia
y
energía
existentes en él. Su estudio, en las mayores
escalas, es el objeto de la
cosmología,
disciplina basada en la
astronomía
y la
física,
en la cual se describe todo aspecto de este
universo con sus fenómenos.
La materia no se distribuye de manera
uniforme, sino que se concentra en lugares
concretos: galaxias, estrellas, planetas…
Sin embargo, el 90% del Universo es una masa
oscura, que no podemos observar. Es la
llamada materia oscura, y actualmente está
ampliamente aceptada por los astrónomos como
el relleno del que está hecho la mayoría del
Universo. Los astrónomos no saben qué es, ya
que nunca la han visto.
Sin embargo, aunque no pueden observar la
materia oscura de forma directa, pueden
observar sus efectos mirando los cúmulos de
galaxias que actúan como lentes
gravitacionales. La gravedad de estos
cúmulos de galaxias curva la luz procedente
de las galaxias más distantes, justo como lo
haría una lente óptica.
Analizando estos efectos, usando modelos
computacionales, los astrónomos han
determinado la masa de estos cúmulos de
galaxias y encontraron de nuevo, que la
materia oscura debe ser abundante. De hecho,
creen que existe mucha más material oscura
en el Universo que la cantidad de materia
normal en una proporción de quizás 10 a 1.
Si se pudiera ver la materia oscura, dicen
los astrónomos, la mayoría de las galaxias,
incluyendo nuestra propia Vía Láctea,
parecería 10 veces mayor de como aparece en
los telescopios. Todos los habitantes
habituales del cosmos – estrellas, galaxias,
planetas y nubes de gas y polvo – son sólo
una pequeña fracción de lo que hay allá
afuera.
Se conoce muy poco sobre el tamaño del
Universo. Puede tener una longitud de
billones de años luz o incluso tener un
tamaño infinito. Las distancias que separan
los astros son tan grandes que si
quisiéramos expresar en metros, tendríamos
que utilizar cifras muy largas. Debido a
ello, se utiliza como unidad de longitud el
año luz, que corresponde a la distancia
que recorre la luz en un año.
Actualmente, el modelo más comúnmente
aceptado es el propuesto por
Albert Einstein en su
Relatividad General, en la que propone
un universo "finito pero ilimitado", es
decir, que a pesar de tener un volumen
medible no tiene límites, de forma análoga a
la superficie de una esfera, que es medible
pero ilimitada. No obstante el volumen del
universo no puede ser calculado ya que no
podemos observar nada más alejado del
anteriormente citado limite de observación
(esfera de radio de 46.500 millones años
luz, teniendo en cuenta los efectos de
expansión).
Las Galaxias
Las galaxias son el constituyente
fundamental del Universo. El Universo está
formado por galaxias y agrupaciones de
galaxias. Las galaxias son acumulaciones
enormes de estrellas, gases y polvo. En el
Universo hay centenares de miles de
millones. A su vez, cada galaxia puede estar
formada por centenares de miles de millones
de estrellas y otros astros. En el centro de
las galaxias es donde se concentran más
estrellas.
Cada cuerpo de una galaxia se mueve a causa
de la atracción de los otros. En general
hay, además, un movimiento más amplio que
hace que todo junto gire alrededor del
centro.
|
Galaxias vecinas |
Distancia (Años luz) |
|
Nubes de Magallanes |
200.000 |
|
El Dragón |
300.000 |
|
Osa Menor |
300.000 |
|
El Escultor |
300.000 |
|
El Fogón |
400.000 |
|
Leo |
700.000 |
|
NGC 6822 |
1.700.000 |
|
NGC 221 (M32) |
2.100.000 |
|
Andrómeda (M31) |
2.200.000 |
|
El Triángulo (M33) |
2.700.000 |
Estas unidades de estrellas están
distribuidas por todo el Universo y
presentan características muy diversas,
tanto en lo que respecta a su configuración
como a su antigüedad: las hay viejas y
jóvenes, grandes y pequeñas, brillantes y
opacas, y de muy variadas formas. Las más
pequeñas abarcan alrededor de 3.000 millones
de estrellas, y las galaxias de mayor tamaño
pueden llegar a abarcar más de un billón de
astros. Estas últimas suelen tener un
diámetro de 170.000 años luz, mientras que
las primeras no pasan de los 6.000 años luz.
Hay galaxias enormes como Andrómeda (de
donde provienen los Andromedanos), o
pequeñas como su vecina M32. Las hay en
forma de globo, de lente, planas, elípticas,
espirales (como la nuestra) o formas
irregulares. Las galaxias se agrupan
formando "cúmulos de galaxias". La galaxia
grande más cercana es Andrómeda. Se puede
observar a simple vista y parece una mancha
luminosa de aspecto brumoso. Actualmente se
la conoce con la denominación M31. Está a
unos 2.200.000 años luz de nosotros. Es el
doble de grande que la Via Láctea.
Las primeras galaxias se empezaron a formar
1.000 millones de años después del Big-Bang
(según la teoría oficial de la ciencia). Las
estrellas que las forman tienen un
nacimiento, una vida y una muerte. El Sol,
por ejemplo, es una estrella formada por
elementos de estrellas anteriores muertas.
Los movimientos de las galaxias provocan, a
veces, choques violentos. Pero, en general,
las galaxias se alejan las unas de las
otras, como puntos dibujados sobre la
superficie de un globo que se infla.
Además de estrellas, las galaxias contienen también materia
interestelar, constituida por polvo y gas en
una proporción que varia del 1 al 10% de su
masa.
Tan sólo 3 galaxias distintas a la nuestra
son visibles a simple vista. Tenemos la
Galaxia de
Andrómeda, visible desde el
Hemisferio Norte; la
Gran Nube de
Magallanes y la
Pequeña Nube
de Magallanes, en el Hemisferio
Sur celeste. El resto de las galaxias no son
visibles con los ojos sin ayuda de
instrumentos.
La Vía Láctea

La Vía Láctea es nuestra
galaxia.
Según las observaciones, posee una masa de
1012
masas
solares y es, muy posiblemente,
una espiral. Con un diámetro medio de unos
100.000
años luz
se calcula que contiene unos 200.000
millones de estrellas, entre las cuales se
encuentra el
Sol.
La distancia desde el
Sol
al centro de la galaxia es de alrededor de
27.700 años luz (8,5
kpc)
A simple vista, se observa como una estela blanquecina de
forma elíptica, que se puede distinguir en
las noches despejadas. Lo que no se aprecian
son sus brazos espirales, en uno de los
cuales, el llamado
brazo de
Orión, está situado nuestro
sistema solar, y por tanto la Tierra.
El núcleo central de la galaxia presenta un espesor uniforme
en todos sus puntos, salvo en el centro,
donde existe un gran abultamiento con un
grosor máximo de 16.000 años luz, siendo el
grosor medio de unos 6.000 años luz.
Todas las estrellas y la materia interestelar que contiene la
Vía Láctea,
tanto en el número central como en los
brazos, están siendo situadas dentro de un
disco de 100.000 años luz de diámetro, que
gira lentamente sobre su eje a una velocidad
lineal superior a los 216 km/s.
Junto con las galaxias de Andrómeda (M31) y del Triángulo
(M33), las Nubes de Magallanes (satélites de
la Vía Láctea), las galaxias M32 y M110
(satélites de Andrómeda), galaxias y
nebulosas más pequeñas y otros sistemas
menores, forman un grupo vinculado por la
gravedad.
En total hay unas 30 galaxias que ocupan un
área de unos 4 millones de años luz de
diámetro. Todo el grupo orbita alrededor del
gran cúmulo de galaxias de Virgo, a unos 50
millones de años luz.
El Sistema Solar:
¿Dónde estamos nosotros?

El Sistema Solar es un conjunto de planetas,
satélites, asteroides y cometas que giran
alrededor de una estrella central,
denominada Sol. Según la comprensión actual
de la ciencia, el Sol se formó, al igual que
los demás componentes, hace unos 4.600
millones de años, cuando una inmensa nube de
gas y polvo se contrajo a causa de la fuerza
de la gravedad y comenzó a girar a gran
velocidad, probablemente, debido a la
explosión de una supernova cercana.
El Sistema Solar es un sistema estelar que
se encuentra dentro de la galaxia denominada
Vía Láctea, de 13 billones de años de
antigüedad, compuesta por 100.000 millones
de estrellas y con un diámetro de 100.000
años luz (un año luz equivale a la distancia
que recorre la luz en un año, una grandísima
distancia si se tiene en cuenta que la luz
viaja a una velocidad de 300.000 km/s). El
Sistema Solar está en uno de los brazos de
la espiral, a unos 30.000 años luz del
centro y unos 20.000 del extremo.
Nuestro mundo, la Tierra, es minúsculo
comparado con el Universo. Formamos parte
del Sistema Solar, perdido en un brazo de
una galaxia que tiene 100.000 millones de
estrellas, pero sólo es una entre los
centenares de miles de millones de galaxias
que forman el Universo.
Cada 225 millones de años el Sistema Solar
completa un giro alrededor del centro de la
galaxia. Se mueve a unos 270 km. por
segundo.
No podemos ver el brillante centro porque se
interponen materiales opacos, polvo cósmico
y gases fríos, que no dejan pasar la luz. Se
cree que contiene un poderoso agujero negro.
Los 8
planetas
del Sistema Solar, de acuerdo con su
cercanía al
Sol,
son:
Mercurio,
Venus,
Tierra,
Marte,
Júpiter,
Saturno,
Urano,
Neptuno
y Plutón (aunque recientemente este último
ha sido descatalogado de la categoría de
planeta por ser muy pequeño).
Los planetas son astros que: 1) describen
trayectorias llamadas órbitas al
girar alrededor del
Sol,
2) tienen suficiente masa para que su
gravedad supere las fuerzas del cuerpo
rígido, de manera que asuman una forma en
equilibrio hidrostático (prácticamente
esférica) y 3) han despejado la zona de su
órbita
Estas órbitas son distintas por la
distancia
del
planeta
con respecto al
Sol
y por el tiempo de su giro. Urano tarda 84
años en completar su
órbita
por encontrarse más lejos del astro solar,
en cambio Mercurio efectúa su
órbita
completa en 88 días. Saturno cubre su
trayectoria
en 29 años y Marte en 686 días.
|
Planeta |
Diámetro ecuatorial |
Masa |
Radio orbital
(UA) |
Periodo orbital
(años) |
Periodo de rotación
(días) |
Satélites naturales
(Año 2007) |
|
Mercurio |
0.382 |
0.06 |
0.38 |
0.241 |
58.6 |
0 |
|
Venus |
0.949 |
0.82 |
0.72 |
0.615 |
-243 |
0 |
|
Tierra |
1.00 |
1.00 |
1.00 |
1.00 |
1.00 |
1 |
|
Marte |
0.53 |
0.11 |
1.52 |
1.88 |
1.03 |
2 |
|
Júpiter |
11.2 |
318 |
5.20 |
11.86 |
0.414 |
63 |
|
Saturno |
9.41 |
95 |
9.54 |
29.46 |
0.426 |
60 |
|
Urano |
3.98 |
14.6 |
19.22 |
84.01 |
0.718 |
27 |
|
Neptuno |
3.81 |
17.2 |
30.06 |
164.79 |
0.671 |
13 |
Los planetas tienen diversos movimientos,
los más importantes son los de rotación y
translación:
-
Por el de rotación, giran sobre
sí mismos alrededor de un eje
(determinando los días).
-
Por el de translación, describen
órbitas alrededor del Sol (determinando
los años).
Los planetas tienen forma casi esférica,
como una pelota aplanada por los polos:
Los materiales compactos están en el núcleo.
Los gases, si los hay, forman una atmosfera
sobre la superficie.
Nuestro sistema solar hoy en día tiene cuatro planetas rocosos
y cuatro gaseosos:
-
Mercurio, Venus, la Tierra y Marte son
planetas pequeños y rocosos, con
densidad alta. Tienen un movimiento de
rotación lento, pocas lunas (o ninguna)
y forma esférica un poco más redonda que
los siguientes.
Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, los
gigantes gaseosos, son enormes y ligeros,
hechos de gas y hielo. Estos planetas giran
deprisa, tienen muchos satélites, anillos y
un poco más abultamiento ecuatorial que los
anteriores.
Las Constelaciones
 |
Las
estrellas que se pueden observar en una
noche clara forman determinadas figuras que
llamamos constelaciones, y que sirven para
localizar más fácilmente la posición de los
astros. En total, hay 88 agrupaciones de
estrellas que aparecen en la esfera celeste
y que toman su nombre de figuras religiosas
o mitológicas, animales u objetos.
Los dibujos
de constelaciones más antiguos que se
conocen señalan que las constelaciones ya
habían sido establecidas el 4000 a.C. Los
sumerios le dieron el nombre a la
constelación Acuario, en honor a su dios An,
que derrama el agua de la inmortalidad sobre
la Tierra. Los babilonios ya habían dividido
el zodíaco en 12 signos iguales hacia el 450
a.C.
|
Para
designar las aproximadamente 1.300 estrellas
brillantes, se utiliza el genitivo del
nombre de las constelaciones, precedido por
una letra griega; este sistema fue
introducido por Johann Bayer. Por ejemplo, a
la famosa estrella Algol, en la constelación
Perseo, se le llama Beta Persei.
Entre las
constelaciones más conocidas se hallan las
que se encuentran en el plano de la órbita
de la Tierra sobre el fondo de las estrellas
fijas. Son las constelaciones del Zodíaco.
Además de éstas, algunas muy conocidas son
Cruz del Sur, visible desde el hemisferio
Sur, y Osa Mayor, visible desde el
hemisferio Norte. Éstas y otras
constelaciones permiten ubicar la posición
de importantes puntos de referencia como,
por ejemplo, los polos celestes.
Las Estrellas
Las estrellas son los elementos constitutivos más destacados
de las
galaxias.
Estos soles, gaseosos y esféricos, son masas
de gases, principalmente hidrógeno y helio,
que emiten luz. Se encuentran a temperaturas
muy elevadas. En su interior hay reacciones
nucleares. El Sol es una estrella.
Al observar el firmamento, dentro del mar de oscuridad compuesta
por materia y energía oscura, los puntos
luminosos intermitentes son estrellas,
cuerpos que generan su propia luz. Dicho
centelleo es debido a la enorme distancia
que debe recorrer su luz hasta llegar a
nosotros, interrumpida en su camino, y que
hace modificar el haz de luz. Por el
contrario, los planetas, al encontrarse
relativamente cerca, tan sólo reflejan la
luz del Sol, por ello no presentan dicho
centelleo, aunque en algunos casos si pueda
darse, según sean las condiciones
metereológicas.
El número de estrellas observables a simple
vista desde la Tierra se ha calculado en
unas 8.000, la mitad en cada hemisferio.
Durante la noche no se pueden ver más de
2.000 al mismo tiempo, el resto quedan
ocultas por la neblina atmosférica, sobre
todo cerca del horizonte, y la pálida luz
del cielo.
Los Satélites
Los satélites naturales son astros que giran alrededor de los
planetas. El único satélite natural de la
Tierra
es la
Luna.
En
Marte
hay dos satélites naturales, Fobos y Deimos,
observados desde 1877. También se detectan
varios satélites girando alrededor de
Saturno,
Júpiter
y
Urano.
Es
interesante anotar, que parece ser que
nuestro satélite, La Luna, no es un satélite
natural sino que mucho tiempo atrás,
fue creado artificialmente por una
civilización anterior.
Planetas en
otros Sistemas Solares
Saber si estamos o no solos en el universo
ha sido uno de los objetivos de muchos
filósofos y científicos a lo largo de la
historia. Hasta hace poco, los únicos
planetas conocidos formaban parte del
Sistema Solar. El descubrimiento de planetas
extrasolares es un acontecimiento bastante
reciente. Aunque la búsqueda sistemática
comenzó en 1988, el primer planeta extrasolar o exoplaneta fue detectado en
1995.
Hasta hace poco tiempo los científicos no
han dispuesto de técnicas e instrumentos
capaces de detectar planetas extrasolares,
es decir, sistemas planetarios en torno a
otras estrellas. La llegada del telescopio
espacial Hubble permitió realizar
observaciones detalladas de regiones de
formación de estrellas.
En 1995 se anunció el descubrimiento del
primer planeta extrasolar girando en torno a
una estrella de tipo solar, 51 Pegasi.
A partir de ese momento, los anuncios de
nuevos planetas extrasolares se han ido
sucediendo sin pausa hasta llegar a la
actualidad. Ahora ya se conocen varios
centenares de planetas extrasolares, y el
número de planetas conocidos crece cada año.
Dada la dificultad que presentan las
observaciones directas, los primeros
intentos de búsqueda de planetas que han
dado resultado se han basado en
observaciones indirectas. Los métodos
utilizados se basan en las perturbaciones
gravitatorias causadas por los planetas
sobre las estrellas y en el tránsito del
planeta por delante de la luz de la
estrella.
Civilizaciones Extraterrestres: ¿Cuántos son
ellos?
Nuestro
sol
es sólo una estrella solitaria en una
colección de cuatrocientos mil millones. La
Vía Láctea es sólo una galaxia entre cientos
de miles de millones de galaxias en el
Universo.
Parece que debería haber un montón de vida
ahí fuera. ¿Podemos hacer una estimación
inicial?
¿Cuántas civilizaciones técnicamente
avanzadas existen en nuestra galaxia?
Ésta es la pregunta a la que trata de dar
respuesta la conocida como
Ecuación de
Drake o Fórmula de Drake. Esta ecuación
fue concebida en 1961 por el radioastrónomo
y presidente del Instituto
SETI
Frank Drake,
con el propósito de estimar la cantidad de
civilizaciones en nuestra
galaxia,
la
Vía Láctea,
susceptibles de poseer emisiones de radio
detectables.
Se ha criticado la Ecuación de Drake afirmando que
cualesquiera 'respuestas' numéricas
producidas no serían más que conjeturas, ya
que la mayoría de los términos de la
ecuación son desconocidos cuantitativamente
en muchos órdenes de magnitud. Sin embargo,
una ecuación describe cómo se relacionan
lógicamente los elementos de un problema,
tanto si conocemos sus valores numéricos
como si no.
La ecuación Drake es lo que se conoce como un experimento
Gedanken, o de pensamiento. Este tipo de
experimento ha sido usado durante cientos de
años por científicos y filósofos para
reflexionar sobre problemas espinosos.
Descansan en el poder de la imaginación para
extrapolar estos escenarios a conclusiones
lógicas. No implican instrumental de
laboratorio y, a menudo, ni siquiera datos
experimentales. Se puede decir que son
ensueños enfocados. Sin embargo, han
conducido a menudo a importantes progresos
científicos.
Los astrónomos saben que la Ecuación de Drake no puede probar
nada, pero la valoran como la forma más útil
de organizar la ignorancia de una cuestión
difícil dividiéndola en partes manejables.
Este tipo de análisis es estándar, y una
técnica reconocida del pensamiento
científico. A medida que las nuevas
observaciones emergen, la Ecuación de Drake
puede ser modificada como sea necesario o
incluso sustituida en su totalidad. Pero
ésta aporta el necesario punto de partida.
Aunque impresionante a simple vista, se
trata de una sencilla ecuación que comprende
algunos factores que podrían influir para
que pudiéramos coexistir en nuestra galaxia
en un momento con civilizaciones
tecnológicamente avanzadas. Aunque se puede
expresar de varios modos, más o menos
equivalentes, la fórmula original de la
ecuación es:

N
representa aquí el número de civilizaciones
que podrían comunicarse en nuestra galaxia,
la Vía Láctea. Este número depende de varios
factores:
R*
representa el número de estrellas en nuestra
galaxia y la relación de nacimiento y muerte
de estrellas. Este número en nuestra galaxia
se estima entre 200 y 400 mil millones de
estrellas, aunque debe modificarse en
relación a la tasa de las que nacen y
mueren. Los números de los científicos
indican que este valor puede manejarse como
diez estrellas formadas por año a lo largo
de la vida de la galaxia.
fp
representa el número de estrellas que
tendrían planetas. A la luz de los nuevos
descubrimientos de planetas extrasolares se
estima que este valor podría ser de -al
menos- 50 por ciento, que en fracción es 0.5
ne
indica el número de planetas que pudieran
ser aptos para desarrollarse en ellos la
vida. Si pensamos en nuestro sistema solar,
este número podría variar entre 2
considerando a Marte y la Tierra, a 4 si
incluimos los satélites naturales que
pudieran tener o pudiera desarrollarse vida.
Siendo moderados el criterio de los
científicos es que este valor podría ser de
2.
Cuando Drake propuso su ecuación por primera
vez, no teníamos forma de estimar ninguno de
sus términos más allá del primero, que
representa la tasa de formación estelar en
nuestra galaxia. Después en 1995, los
astrónomos comenzaron a descubrir planetas
en órbita alrededor de otras estrellas.
Estos resultados prometen ahora afinar
nuestras estimaciones para el segundo
término de la ecuación, que indica el número
de mundos habitables por estrella. ¿Quién
sabe que descubrimientos inesperados nos
hablarán sobre los otros términos de la
ecuación?
Los términos restantes de la ecuación
dependen de la biología y el desarrollo
social de otros mundos, y aquí somos
profundamente ignorantes. Nuestra
experiencia local puede aportar alguna guía,
sin embargo.
fl
representa los planetas que pueden sustentar
vida y que realmente la desarrollan. Un
valor realista podría ser 1 (uno). Pero es
sólo una suposición. Sabemos que la vida en
la Tierra surgió casi tan pronto como las
condiciones lo permitieron, en cuanto la
corteza se enfrió lo suficiente para que el
agua líquida persistiera. Este hecho sugiere
que las condiciones para el origen de la
vida en otros mundos habitables no son
restrictivas, y que el valor de fl está más
cerca del uno que del uno por mil. Pero eso
es sólo una suposición. Nadie sabe cómo
empezó la vida en la Tierra, y no podemos
generalizar a partir de un solo caso.
fi
representa las condiciones para el
desarrollo de vida inteligente. En la Tierra
este paso primero requirió la evolución de
animales complejos, que surgieron unos tres
mil millones de años después del origen de
la vida, y después el desarrollo de cerebros
capacitados para el pensamiento abstracto,
lo que llevó otros quinientos millones de
años. Entre los millones de especies
animales que han vivido en la Tierra,
probablemente sólo una ha tenido alguna vez
inteligencia suficiente para comprender la
Ecuación de Drake. Esto sugiere que fi
podría ser una fracción muy pequeña
fc
representa la probabilidad de que la vida
inteligente desarrolle una civilización que
desarrolle una tecnología de comunicación
con otras civilizaciones del espacio. En la
Tierra, las ballenas y delfines pueden muy
bien tener inteligencia suficiente para el
pensamiento abstracto, pero carecen de los
medios para fabricar herramientas. Los
humanos, con manos hábiles, comenzaron a
fabricar herramientas hace aproximadamente
un millón de años. Comenzando hace unos diez
mil años, las civilizaciones basadas en la
agricultura surgieron independientemente
varias veces, en Mesopotamia, Egipto, China,
México, Perú, y Nueva Guinea. Esto sugiere
que el valor de fc es grande, pero
nuevamente no deberíamos generalizar a
partir de la experiencia de sólo una especie
inteligente y capaz de manipular.
L
simboliza el tiempo de vida medio que una
civilización sobrevive. La Ecuación de Drake
asume que, cualesquiera que sean los otros
factores, el número de civilizaciones
actualmente en nuestra galaxia es
directamente proporcional a su tiempo de
vida medio. Cuanto más tiempo vivan, más
civilizaciones existirán en un momento dado.
Pero, ¿cuál es la esperanza de vida de una
civilización? En la Tierra, docenas de
civilizaciones importantes han florecido y
decaído en los últimos diez mil años. Su
tiempo de vida medio es de unos cuatro
siglos. Pocas de las civilizaciones de la
Tierra han durado hasta los dos mil años
Deberíamos también distinguir entre la
longevidad de un simple episodio de
civilización y el tiempo de vida sumado de
una secuencia de civilizaciones. Casi todas
las discusiones de la Ecuación de Drake han
pasado por alto esta distinción y por tanto
han subestimado significativamente L.
Según explica Steven Soter,
científico residente del Centro de Estudios
Antiguos de la Universidad de Nueva York,
Astrobiology Magazine, el valor correcto de
L no es la duración media de un solo
episodio de civilización en un planeta, que
para la Tierra es de unos 400 años. En
cambio, L es mucho más grande, siendo la
suma de los episodios recurrentes de
civilización, y constituye una fracción
sustancial del tiempo de vida biológico de
las especies inteligentes. El tiempo de vida
medio para los mamíferos es de unos cuantos
millones de años. Suponiendo que la especie
humana dure otro millón de años y que
nuestros descendientes tengan episodios
recurrentes de civilización durante más del
10 por ciento de ese tiempo. Entonces el
tiempo de vida medio efectivo de la
civilización sobre la Tierra excederá los
100 000 años, o 250 veces la duración de un
solo episodio. Con otros factores
semejantes, esta consideración generalmente
descuidada debería incrementar el número
esperado de civilizaciones en nuestra
galaxia en al menos cien veces [datos
teóricos, modificables bajo la perspectiva
de exopolítica, mirar la historia de la
humaidad desde el punto de vista de los
Andromedanos, y en particular explicado por
Alex Collier]
Si ahora insertamos números en la Ecuación
de Drake que representen el amplio rango de
estimaciones plausibles para los distintos
términos, encontramos que el número N de
civilizaciones en nuestra galaxia podría
oscilar desde unos cuantos miles a cerca de
una en diez mil.
El último (y pesimista) caso es equivalente
a encontrar nada más que una civilización
entre diez mil galaxias, así que la nuestra
sería la única en la Vía Láctea. En el
anterior (y optimista) caso, la civilización
más cercana podría estar lo bastante cerca
de nosotros como para detectar sus señales
de radio.
Así, las estimaciones para N cubren todo el
espectro.
Mientras que esto exaspera a los críticos
que demandan respuestas concretas de la
ciencia, no invalida el poder conceptual de
la Ecuación de Drake.
La Paradoja de
Fermi:
¿Dónde están todos?
La paradoja de Fermi es la observación
contradictoria y contra-intuitiva de que aún
no hemos visto evidencia de la existencia de
inteligencia extraterrestre. El tamaño y la
edad del Universo sugieren que muchas
civilizaciones inteligentes y avanzadas han
de existir. Sin embargo, esta hipótesis
parece ser inconsistente con la falta de
evidencia observable para comprobarla.
Si han surgido muchas civilizaciones en
nuestra galaxia, podríamos esperar que
alguna de ellas enviara colonias, y alguna
de esas colonias enviara todavía más
colonias. Las olas resultantes de
colonización se habrían extendido a través
de la Vía Láctea en un tiempo menor que la
edad de nuestra galaxia. Así que ¿dónde
están todas esas civilizaciones
extraterrestres? ¿Por qué no las hemos
visto?
Esta paradoja fue muy ignorada cuando, en
1950, el físico Enrico Fermi hizo su famosa
pregunta "¿Dónde están todos?" El enigma fue
revitalizado por Michael Hart en 1975, por
lo cual a veces se le llama "Paradoja de
Fermi-Hart"
Muchas respuestas se han propuesto desde
entonces, incluyendo
-
La nuestra es la primera y única
civilización que ha surgido en la Vía
Láctea
-
Los extraterrestres existen pero se
ocultan
-
Ya han estado aquí y nosotros somos sus
descendientes.
-
Una de las más populares es la hipótesis
del zoo, según la cual existe un acuerdo
tácito de que no exista interferencia
con nuestro desarrollo por parte de las
posibles civilizaciones extraterrestres
(el
estado de Cuarentena del que habla
Alfred L. Webre, y que comentaremos más
adelante).
George Dvorsky,
líder futurista y director del
Institute for Ethics and Emerging
Technologies, en su artículo titulado La
paradoja de Fermi: regresa para vengarse,
escribe:
La paradoja de Fermi sigue viva y en muy
buen estado.
Conforme nuestra ciencia va madurando, y la
búsqueda de vida extraterrestre continúa
fracasando, el Gran Silencio se vuelve cada
vez más ruidoso. El aparentemente vacío
cosmos nos está gritando, diciéndonos que
algo está raro.
En cierto modo, nuestro aislamiento en el
Universo ha configurado y definido la
condición humana. Es una parte tan indeleble
de nuestra realidad que muchas veces la
damos por sentada o la racionalizamos al
extremo.
Para afrontar la disonancia cognitiva creada
por el Gran Silencio, nos hemos refugiado en
viejos argumentos como la arrogancia humana,
el antropocentrismo y, peor aún, en una
especie de complejo de inferioridad
intergaláctico. Somos muy dados a inventar
excusas como "somos los primeros", "no
estamos solos" o "¿por qué alguna
civilización querría relacionarse con
nosotros, los subdesarrollados humanos?".
Con un análisis más de cerca, estas excusas
no son válidas. Nuestra ciencia va madurando
constantemente y nos estamos dando cuenta
cada vez más que nuestro aislamiento en el
cosmos y la penuria de los fenómenos
artificiales observables son una directa
violación de nuestras expectativas y, como
consecuencia, de nuestro anticipado futuro
como una especie que viaja por el espacio.
De hecho, uno de los retos científicos y
filosóficos más grandes que la humanidad
tiene en frente en este momento es el
responder la interrogante sobre la
existencia de inteligencia extraterrestre.
Todavía no hemos visto ninguna evidencia
legítima de su existencia. Tampoco parece
que dichas especies inteligentes hayan
pasado por nuestro sistema solar; y no vemos
signos de su actividad en el espacio y aún
estamos esperando recibir algún tipo de
comunicación de parte de ellos.
A continuación, Dvorsky enumera una serie de
razones, basadas en los últimos
descubrimientos inter-disciplinarios que
contribuyen a dar crédito a la Paradoja de
Fermi como un problema científico
irresoluto:
-
Mejor cuantificación y conceptualización
de nuestro ambiente cosmológico
-
Mejor entendimiento de la formación de
los planetas, su composición y la
presencia de zonas habitables
-
El descubrimiento de más de 240 planetas
extrapolares, muchos de los cuales
tienen zonas habitables.
-
Confirmación del rápido origen de la
vida en la Tierra
-
Creciente legitimidad de las teorías
sobre la panspermia: Existe una buena
probabilidad de que habitemos una muy
comprometida y fértil galaxia en la cual
las "semillas de la vida" son rociadas.
Ha surgido evidencia de que ciertos
granos de material en nuestro sistema
solar vinieron de fuera de nuestro
sistema solar.
-
Descubrimiento de extremófilos: La vida
simple es mucho más resistente a la
tensión ambiental de lo que antes se
imaginaba.
-
Creciente concepto de un Universo
biofílico en el cual los parámetros
cosmológicos para la existencia de la
vida son tan específicos que casi
sugieren que generar vida es de hecho lo
que se supone que el Universo debe
hacer.
-
Confirmación de un temprano potencial
para la vida inteligente
-
La evolución muestra tendencias
progresivas a incrementar la complejidad
y la dirección de la vida a incrementar
la aptitud.
Ausencia de evidencia
no es evidencia de ausencia: ¿qué pasa con
nuestra forma de pensar?
Teniendo en cuenta todos éstos y otros
descubrimientos inter-disciplinarios que se
están produciendo, se supone que deberíamos
estar viviendo en una galaxia saturada de
inteligencia y altamente organizada. Por
tanto, hay algo que no concuerda con el
aparente aislamiento en el que nos
encontramos.
En consecuencia, debemos suponer: o bien que
la vida inteligente es rara, o, teniendo en
cuenta la biofilia de nuestro
Universo, es decir, su querencia por la
vida, su indudable tendencia a crear vida,
nuestras suposiciones acerca de la conducta
general de las civilizaciones inteligentes
son incorrectas.
La cantidad de datos aportados por Dvorsky,
y su argumentación, parecen desembocar, de
una forma natural, en un planteamiento
interesante. Una paradoja es paradoja por
una razón: significa que hay algo que anda
mal en nuestro modo de pensar.
Se dice que ausencia de evidencia no es lo
mismo que evidencia de ausencia. Es muy
probable que la paradoja sea tal porque no
tenemos en cuenta que el error de cálculo
está en nuestro modo de abordar la cuestión.
Esto nos obliga a revisar qué es lo que
subyace -que no ha quedado suficientemente
explicitado-, en la forma en que afrontamos
esta cuestión.
Para avanzar en este planteamiento, la
pregunta es: ¿qué es lo que anda mal en
nuestro modo de pensar?, o lo que es lo
mismo: ¿de qué no somos conscientes en la
forma de abordar esta cuestión?
A este respecto, hay diversas cuestiones
relevantes:
De un lado, está el hecho de que nuestros
sentidos físicos son herramientas de
demasiado corto alcance para captar la
complejidad de lo real. Conocemos su
limitación, y de ahí que necesitemos
inventar máquinas que lleguen hasta donde
ellos no lo hacen. Pero nos cuesta reconocer
que no es así en todos los casos, que no es
así para todos los seres.
Sabemos, por ejemplo, que en comparación con
los seres humanos, muy pocos animales
perecieron como consecuencia del tsunami del
Índico en 2004. Tenemos constancia de que
muchos animales son capaces de captar
frecuencias que los humanos no podemos
recoger, lo que les sirve para anticipar su
comportamiento a sucesos que aún están por
ocurrir. Pero no sólo los animales poseen
esas capacidades. Muchos seres humanos de
todas las épocas y de todas las culturas han
mostrado –y lo siguen haciendo-, la
existencia de otras formas de conocimiento
no basadas en la utilización ordinaria de
los sentidos, y que rompen con la forma en
que habitualmente nos relacionamos con el
tiempo y con el espacio. Hablaríamos de una
suerte de contraparte metafísica de los
sentidos físicos.
Por otro lado, deberíamos considerar el
hecho de que nuestros propios hábitos de
pensamiento, el miedo a todo lo que nos
resulta desconocido, nos esté impidiendo ver
algo que preferimos no ver porque no lo
controlamos. Hemos metido en un baúl
montañas de datos sobre cuestiones que no
somos capaces de explicar. Al baúl le hemos
colocado la etiqueta de “Paranormal”, y
muchos de nosotros hemos procurado
olvidarnos de todas esas cosas que nos
recuerdan que algo “no cuadra”. Algo, o
mucho, en realidad. Una cantidad demasiado
grande de hechos inexplicables desde el
antiguo paradigma se acumula, produciéndonos
inquietud.
Ese algo nos perturba detrás de las
explicaciones que nos damos sobre lo que
llamamos “realidad”, y que, en el fondo, es
una parte muy pequeña de lo real. Es la
parte deformada de lo real que nos
permitimos ver, parapetados tras nuestros
miedos, e inconscientes de ellos.
En este camino de análisis minucioso y
racional que es la ciencia a partir del
pensamiento de Descartes, se ha producido
una pérdida irreparable, o al menos una
escisión importante. El vínculo entre razón
y emoción, o más exactamente, el cruce de
conocimientos que ambas formas de aprehender
la realidad aportan, se ha quedado fuera, y
con él el acceso a una fuente de
conocimiento que supera a ambos, que
armoniza los opuestos. El ser humano,
rodeado de las máquinas que requiere para
extender el alcance de sus sentidos,
encerrado en sus laboratorios para estudiar
la Naturaleza, se ha separado
definitivamente de ella. En esa separación,
se ha olvidado de cuál era el objeto de su
búsqueda.
La razón separada de la emoción produce un
conocimiento parcial, frío y desconectado.
La emoción, sin la dirección que aporta la
razón, da como consecuencia un conocimiento
supersticioso y manipulable.
Un
fenómeno generalizado de represión, censura
científica y dogmatismo se observa en la
ciencia moderna. Dentro de él, proliferan
asociaciones organizadas de los
autodenominados “escépticos”. Escéptico es
el que duda, el que investiga, el que se
niega a sacar conclusiones precipitadas en
base a pruebas aparentemente concluyentes.
Sin embargo, en muchos casos, estos
escépticos no son tales, sino que en
realidad se trata de incrédulos. Un
incrédulo es algo muy diferente a un
escéptico. El incrédulo se caracteriza por
una creencia a priori de que una cierta idea
es equivocada. A partir de esa posición,
ninguna cantidad de evidencia empírica podrá
influirlo en sentido contrario.
Por último, existe otra cuestión, nada
pequeña, a la hora de poner de manifiesto
aquello de lo
que no somos conscientes al abordar la
cuestión de por qué la Paradoja de Fermi
sigue siendo un problema científico
irresuelto. Ésta cuestión, según creo,
englobaría, de alguna manera, a todas las
otras.
Tenemos que tener en cuenta que sin la
búsqueda personal, individualizada,
experimentada, nuestra visión de la realidad
está configurada, en grandísima medida, por
los medios de comunicación, los cuales se
encuentran todos en las mismas manos: las de
los grupos de poder, interesados en retener
el verdadero conocimiento, ocultando
sistemáticamente las pruebas de la
evidencia. Los mismos grupos de poder que
dirigen las investigaciones científicas en
determinadas direcciones, y que refrenan y
obstaculizan las que van en otras.
La verdad es que parece haber mucha más
evidencia de la que determinados sectores
están dispuestos a admitir, o a tolerar…
Precisamente la Exopolítica trata de poner
de manifiesto que no hay ausencia de
evidencia, más bien evidencia de presencia.
Perspectiva Exopolítica: ¿por qué
estamos aislados?
Referencias
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